Deixeu que els nens facin esport

Deixeu que els nens facin esport

Os lo voy a confesar, cuando empecé a trabajar desarrollé una antipatía muy notable hacia la gente que estaba en marketing. No acababa de entender esa tendencia a distorsionar la realidad para provocar reacciones no voluntarias que te ayudaran a vender más. No fue hasta años más tarde, cuando estudié un MBA que comprendí lo que realmente significa y me encantó, no puedo decirlo de otro manera, es un área extraordinaria y que auna la creatividad de la publicidad con el criterio analítico de las finanzas y sin es manía de alterar la realidad para que te beneficie. Lástima que esto no es lo están aplicando en muchas empresas.

Ayer, como era viernes, me regalé una noche de película y opté por ver un documental sobre el baloncesto, que para algo es el deporte familiar y todos lo han practicado o lo practican -si, mis dos hijos pequeños siguen la senda de su padre, madre, tío y primos- Trataba sobre las ligas que existen en EEUU después de que el campeonato escolar finaliza, os puedo asegurar que a los diez minutos toda esa indignación que me provocaba mi profesión hace ya muchos años volvió a surgir como la espuma, primero porque es algo en lo que trabajo, y segundo, porque afecta a niños que todavía no tienen la capacidad de pensar como adultos. Os puedo asegurar que lo que pasó por mi cabeza hacía que Bill Hicks fuera la Madre Teresa de Calcuta.

Creo firmemente que el deporte es un transmisor de valores muy válido y potente para formar a la juventud: esfuerzo, sacrificio, compromiso, compañerismo, resiliencia y podría seguir durante media hora hablando de que creo que significa, que ha significado y que espero que mis hijos aprendan practicándolo. Es algo maravilloso y se me llevan los demonios cuando se prostituye la función principal, que es educar y entretener para convertirse en un objeto de mercadeo, de captar las mentes y los corazones privándoles de toda las experiencias que lo rodean y que van más allá de ser el ganador, el mejor o el número uno.

Hemos prostituido el éxito, lo hemos banalizado, presupuestado, etiquetado y parametrizado bajo un prisma tan estrecho que solo valoramos al número uno, al primero, al campeón y no me parece mal cuando ya tienes capacidad de discernir, pero cuando eres un menor, un adolescente, es la peor definición de triunfo que podemos darle. El éxito, es y ha sido siempre, la capacidad de dar el máximo de ti mismo y es independiente de que posición ocupes en el resultado final. Ese ha de ser el barómetro que han de seguir los niños, los padres de los niños y todo aquel que se involucre en el mundo del deporte infantil, benjamín o juvenil. Cualquier otro tipo de aproximación es pervertir la mente de todos los que participan.

He tenido la suerte de conocer a unos cuantos deportistas en mi estancia aquí, algunos son ganadores -por genética, por mentalidad o por lo que sea- y acaban entre los primeros y algunos incluso ganan carreras, pero hay un porcentaje de personas que no van a ganar porque no les interesa, porque están aquí por divertirse, y no por eso son menos deportistas que el resto, se dejan la piel como el que más, sudan como el que queda primero, y se levantan cada mañana y cumplen como el mejor. ¿Hemos de decir que estas personas no tienen éxito? ¿Y que decimos de las personas que descubren el deporte como un mecanismo para mejorar, para superarse y que a pesar de que nadie daría un duro por ellos, siguen peleando y dando ejemplo a todos a pesar de que llegan el último?

En serio, dejemos a los niños que sean niños, que practiquen deporte, que se diviertan, que se formen, que se esfuercen, que descubran el valor del esfuerzo, la constancia, de lo importante que es entrenar, que la marca a mejorar es la que él mismo hizo ayer y que el rival no es el enemigo sino otra persona como él que intenta darlo todo para ser la mejor versión posible de si mismo.

Publicat el 07-10-2017 per Jose Salgado Des de la banda 0 716

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